• Palabras de Roxana Lercari durante el acto por el Bicentenario de la Patria

    Cuenta Félix Luna que “La Declaración de la Independencia fue, básicamente, un acto de coraje, una especie de gran compadrada en el peor momento de la emancipación americana. En el norte del continente, Bolívar había sido derrotado. Chile estaba nuevamente en manos de los realistas. Los españoles amenazaban Salta y Jujuy y apenas si eran contenidos por las guerrillas de Güemes. Para empeorarlo todo, Fernando VII había recuperado el trono de España y se preparaba una gran expedición cuyo destino sería el Río de la Plata. La Banda Oriental estaba virtualmente ocupada por los portugueses. Y en Europa prevalecía la Santa Alianza, contraria a las ideas republicanas. En ese momento crítico los argentinos decidimos declararnos independientes. Fue un gran compromiso, el rechazo valiente de una realidad adversa.Era empezar la primera navegación de un país independiente, sin atender las borrascas ni los riesgos. Un acto de coraje.”

    Con el gran honor que implica ser esa vecina realiquense a quien le toca decir unas palabras en este bicentenario de nuestra independencia quisiera detenerme en algunos conceptos del extracto que he mencionado. Dice Félix Luna que nuestro acto emancipatorio fue un acto de “coraje”, de “compromiso” y de “rechazo de la realidad adversa”.

    Elegir el camino de la libertad siempre exige valor, coraje y siempre tiene dos grandes enemigos, el miedo y la comodidad.

    El miedo a lo que pueda pasar, a las consecuencias de la elección y al error, a la equivocación. El miedo a la acción directa de romper cadenas y a los costos de esa ruptura. Esa disolución del vínculo con aquello que ata la más de las veces es un acto de bravura. Es cuando nos animamos a decir: “esto es lo que queremos” y a asumir los resultados que ello implique.  Previamente inunda el alma un deseo de cambio y una enorme fe en nosotros mismos. Si, fé. Antes que nada la libertad es la exaltación en la creencia en uno mismo. Si, creer en que podemos elegir lo que es el mayor bien, y saber que también podemos equivocarnos pero en cualquier caso todo es preferible a la continuidad en la mansedumbre desesperante.

    El segundo enemigo decía, es a mi juicio, la comodidad. El temor  a abandonar unos cuantos cómodos privilegios que la servidumbre provee.Porque tomar la decisión de ser independiente es ante todo, tener el pleno convencimiento de que la libertad aún en condiciones desfavorables es siempre mejor que prolongar la agonía de la supuesta protección condicionada. ¿No hubiese sido más cómoda la vida del héroe Manuel Belgrano si se hubiese dedicado al derecho y a la academia en las holguras de la vida porteña en vez de andar sufriendo penurias y ejerciendo el cargo de General el cuál fue aprendiendo en ejercicio?

    ¿Qué ilustre fuego le inundaba el espíritu a fin de tomar una decisión semejante? Respuesta: el compromiso con lo que creía que era mejor para el otro y para sí mismo. El compromiso extremo con las ideas que profesaba y con los credos emancipatorios que discurseaba. Pero fundamentalmente el compromiso con las oportunidades que el camino libertario ofrecía: un futuro propio, una hoja en blanco para ser mejores. Para ser lo que quisiéramos ser.

    Y el último concepto a destacar el “rechazo de la realidad adversa”.Es esa disyuntiva en la que entramos a veces sobre esperar a actuar hasta que los tiempos ayuden o bien forzar que los tiempos que queremos al fin lleguen. Cuántas veces escuchamos “hay que esperar hasta que la cosa cambie”, por qué no pensar que la cosa sólo cambiará si nos ponemos en acción, con coraje y compromiso.

    Eso creyeron y obraron todos los hombres y mujeres que actuaron en la revolución de mayo y que presionaron para arrancar la declaración de independencia en 1816.

    II

    Es importante que resaltemos este aspecto. No eran superhéroes, eran hombres y mujeres, simples mortales que constituyeron nuestroADN histórico. Son nuestros antepasados. Aquellos que fueron forjando nuestra identidad como nación, como pueblo, como sociedad. Y quisiera detenerme en este punto porque muchas veces hablamos de nuestra identidad y la cargamos de connotación negativa.

    Enterramos bajo los defectos y miserias de los menos aquellas virtudes de los más. Solemos darle más peso sobre nuestra identidad a aquellos que abusan del poder y de sus privilegios que a aquellos que luchan desinteresadamente y gracias a los cuales gozamos como nación esos bienes públicos imponderables como son la independencia y la libertad individual.

    Para seguir conquistando derechos y libertades hace falta que creamos en nosotros mismos. Si podemos, y la historia está plagada de ejemplos de anónimos que dieron vida, fortuna y tiempo por la patria y por el otro.

    III

    Quisiera destacar también que hace 200 años nos declarábamos libres de la metrópoli. Y hace 100, en 1916,  conquistábamos el derecho a elegir y por primera vez votábamos de manera secreta gracias a la Ley Sanz Peña que habíamos arrancado al régimen conservador también producto del coraje, el compromiso y el rechazo a la realidad adversa de un conjunto de argentinos.

    Nos fuimos así labrando un destino autónomo. En ese centenario de independencia nos habíamos apropiado de una nueva victoria. Y les propongo que pensemos que dejamos en este bicentenario a la historia y al resto de los argentinos que vienen. Tenemos un sinnúmero de logros para lucir y que sin duda en el futuro nuestros nietos resaltaran en discursos de este tipo.

    Juntos a 200 años de aquel 9 de julio de 1816 afianzamos el camino libre, aseguramos el funcionamiento procedimental de la democracia, aseguramos la educación pública y gratuita y nos pusimos de acuerdo sobre todas aquellas cosas que ningún argentino puede carecer para no perder la dignidad.

    Tenemos muchos motivos para sentirnos orgullosos de lo que somos y también muchos alicientes para hacernos cargo de lo que falta.

    ¿En qué nuevas causas vamos a comprometernos? ¿Qué desafíos aún quedan por asumir? ¿Qué derechos quedan por asegurar? ¿Y qué postura vamos a tomar ante los desafíos? ¿La cómoda, la del miedo o la valiente? ¿Qué peso vamos a darle a la adversidad? Y a fines de contestar estos interrogantes no me parece que como pueblo nos propongamos IMITAR a los próceres. N imitemos, sepamos que lo llevamos dentro, que fuimos nosotros, los argentinos, capaces de hacer proezas de corte cinematográfico tal como el cruce de los andes. Fuimos nosotros los que ganamos Salta y Tucumán contra todo pronóstico, fuimos nosotros los que acuñamos a Güemes, a San Martín, a Belgrano, a Paso, a Castelli, a Moreno, y podría seguir en una lista interminable. Fuimos nosotros los que nos dimos constitución en 1853, fuimos nosotros los que quisimos votar y votamos, los que conquistamos la democracia perdida y la aseguramos en aquel histórico 1983. Muchas veces en estos 200 años nos animamos a decir basta. Nos frotamos las manos y nos pusimos en acción. Humildemente los convoco a que trabajemos para seguir superándonos, para que sigamos soñando y nos comprometamos con acciones concretas con esos sueños. Que trabajemos para cada uno de nosotros pueda ser lo más libre que se pueda, porque es la libertad la que genera sujetos democráticos, aquellos capaces de internalizar los valores éticos y políticos que sostienen y mueven la democracia.

    Hoy, miremos atrás y veamos nuestros logros y errores, y que ello sirva para seguir adelante, los invito a que nos comprometamos como realiquenses a seguir llenando este libro en blanco que es el porvenir, creyendo en nuestras virtudes, haciéndonos cargo de los errores y aprovechando las oportunidades con coraje.

    Gracias a todos. Feliz Bicentenario. Que viva la Patria.